La descarbonización, el reto de la ciudad del futuro

La descarbonización, el reto de la ciudad del futuro

En noviembre del año 2016 entró en vigor el conocido como el Acuerdo de París. Basándose en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, esta alianza representa el compromiso de casi todos los países del mundo para luchar contra el calentamiento global

Para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, y evitar que el incremento de la temperatura media global del planeta supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales, son esenciales nuevas inversiones que permitan la transformación de los sistemas de energía en las ciudades.

La descarbonización en las ciudades

Estos grandes núcleos urbanos, que apenas representan el 2% de la superficie terrestre, son responsables de más de un 60% de las emisiones de dióxido de carbono. Con un crecimiento demográfico proyectado de unos 2.500 millones de habitantes para el 2050, la descarbonización de las ciudades supone un enorme desafío para el futuro, pero también una gran oportunidad

Se estima que, para el año 2050, un 90% del crecimiento urbano se va a dar principalmente en Asia y África, por lo que el destino de las inversiones de la descarbonización debe estar enfocado en estos continentes.

En los países en vías de desarrollo, atender las necesidades más básicas de la creciente población urbana exige destinar importantes recursos económicos, principalmente en infraestructuras, por lo que es imprescindible asegurar que los objetivos de transición bajos en carbono se incorporen de forma casi inmediata en las agendas de desarrollo de estas regiones

Tecnología, infraestructuras y descarbonización

El acelerado ritmo de desarrollo tecnológico permite una mayor accesibilidad a tecnologías cada vez más eficientes en consumo, las cuales podrían facilitar el desarrollo de ciudades con bajas en emisiones a nivel global. Así mismo los grandes inversores, tanto públicos como privados, cada vez más sensibilizados con la sostenibilidad, incorporan el clima y las bajas emisiones dentro de sus agendas y objetivos estratégicos

El desarrollo tecnológico facilita el acceso a tecnologías eficientes que permiten el desarrollo de ciudades con bajas emisiones

Sin embargo, a pesar de estos cambios alentadores, aún existen muchas barreras para afrontar un mayor y más rápido crecimiento de las inversiones bajas en carbono. Uno de los principales frenos a la descarbonización es el desbloqueo de los recursos financieros necesarios para contener el aumento de la temperatura global.

Actualmente, el acercamiento a estas soluciones incluye la transformación de la percepción de riesgo asociada a las inversiones bajas en carbono mediante el desarrollo de políticas, marcos regulatorios, educación en economía verde y sistemas de buena gobernanza. 

Sin duda, las infraestructuras construidas hoy influirán durante décadas en el uso de la energía en las ciudades, y un crecimiento y desarrollo sostenibles podría pasar por incentivar inversiones que se centren en:

  • La descarbonización de la red eléctrica.
  • La optimización de la eficiencia energética en edificios.
  • La movilidad y accesibilidad de bienes y servicios.
  • La gestión de residuos urbanos.

Urbanismo y descarbonización

Estos cuatro puntos se corresponden con las tendencias urbanísticas prioritarias asociadas a la descarbonización. En este contexto, juega un importante papel la modernización de los edificios ya existentes y la planificación especial de aquellos edificios por construir, ya que tanto la distribución como la densidad de las nuevas construcciones influirá de manera clave en la estrategia energética de las ciudades.

El plan estratégico de descarbonización de cada ciudad tendrá que diseñarse y ejecutarse en base a las singularidades y al potencial de reducción de emisiones de cada urbe

A su vez, la estrategia de cada ciudad debería basarse en el potencial de reducción de emisiones asociado a las peculiaridades de cada núcleo urbano. Las soluciones disponibles de una ciudad determinada dependerán de su contexto económico, político y social y de tres factores principales:

  • El clima.
  • La infraestructura urbana existente.
  • El crecimiento proyectado en los próximos años. 

Inversiones bajas en carbono

Dada la magnitud y el impacto de la inversión en infraestructura en los años y décadas venideros, es necesario y urgente establecer criterios que orienten estos recursos hacia una infraestructura baja en carbono. Sin embargo, la realidad es que los flujos de inversión para la descarbonización no están todavía en consonancia con el objetivo fijado en el Acuerdo de París. 

En la actualidad, organismos supranacionales, gobiernos y empresas trabajan de forma conjunta hacia un futuro más verde para desarrollar criterios, principios, métricas e indicadores que puedan ayudar a dirigir los recursos financieros a cumplir este ambicioso desafío.

El papel del sector privado es central, ya que de él procederán una gran parte de las inversiones. Sin embargo, el sector público debe desempeñar un protagonismo activo, no sólo poniendo en marcha los incentivos y marcos normativos adecuados para atraer la inversión privada, si no también destinando recursos a aquellas áreas de infraestructura social donde resulta difícil atraer el capital privado.

El volumen de la infraestructura requerida por las ciudades en las próximas décadas va a suponer una gran oportunidad de cara a la financiación baja en carbono. El ritmo y la manera en la que se construya puede ser determinante de cara a cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, además de asegurar el grado de resiliencia de las ciudades del futuro.

Silvia Börjesson
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